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Correctivo humillante
Este relato es verídico. Lo relatare como la protagonista lo conto a una de sus amigas.
Todo sucedió en la ciudad de Medellín Colombia en el año 1996.
Para
muchos Natalia era una niña de la casa. Juiciosa y con grandes
sentimientos. Pero la verdad era otra, a sus XX años ya savia como
manipular a las personas mostrando sentimientos falsos. Nunca había
tenido relaciones sexuales, era tímida en el aspecto de la intimidad, y
muy penosa en temas de cuerpos desnudos. Se podía asegurar que hasta
los XX años nadie la había visto desnuda. Ni siquiera su propia madre
desde cumplidos los seis años la había vuelto a ver sin ropa. No
visitaba el Medico desde niña por miedo a que le pidieran que se
desvistiera. Nadie savia para quien seria guardada su intimidad.
Natalia
era una mujer alta. Muy linda con un cuerpo espectacular, ya que
asistía todos los días al gimnasio. Seducía y partía los corazones de
cada hombre que conocía. Solo había tenido un novio, el cual había
convertido en el chiste del barrio.
Era verdad que Natalia se
robaba los suspiros de todos los hombres del barrio, pero también nos
cansaba esa actitud de supe mujer, se volvía fastidiosa y ofensiva.
Un
día el novio de Natalia cansado de tanta burla y humillación me dijo
que quería vengarse de ella, pero que no lo perjudicara ni directa e
indirectamente.
A mi Natalia me caía mal por algo que me hizo en un
momento muy duro de mi vida. Vengarme de ella, me parecía una buena
forma de curar mi dolor.
Estuvimos pensando en varias formas, pero
no dábamos con una que pudiera marcarla por el tiempo suficiente.
Pensamos varias horas hasta que recordamos lo estricto y riguroso que
era su padre y las amenazas que varias ocasiones había hecho de
enviarla a un convento si la sorprendía en una mala conducta.
En ese
momento le dije al novio de Natalia – que podría pensar el padre de
Natalia si le encuentra en su mochila del gimnasio droga y
preservativos.
El novio de Natalia inmediatamente me dijo que eso
era prácticamente matarla, que el padre la acabaría a golpes. En ese
momento le recordé que el padre de Natalia nunca seria capas de pegarle
a ninguna mujer, que una vez le habían escuchado decir que el mejor
correctivo era el sicológico y la violencia solo se aplicaba en los
animales.
Entonces el novio de Natalia me volvió a interrumpir – entonces que crees que le haga.
Yo
de inmediato le conteste – te imaginas a Natalia caminando a la iglesia
todos los días para las misas carismáticas de dos horas y media. El
novio de Natalia dijo: - claro como odia las misas, sería el castigo
perfecto, te imaginas como la molestaría todo el barrio después eso.
No
la ingeniamos para poner la droga y los preservativos en su mochila.
Luego llamamos a su casa haciéndonos pasar por un jibaro y la acusamos,
diciendo a su madre, que Natalia tenía una droga y preservativos en su
mochila la cual no había pagado todavía.
Después de eso no volvimos a ver a Natalia hasta tres meses después.
Tiempo después de su regreso la mejor amiga de Natalia me conto la historia que contare a continuación.
Según Natalia:
Al llegar a casa mi madre tomo la mochila y vacio su contenido encima del comedor, tomando una bolsa que jamás había visto.
Mi madre sostenía el cuerpo del delito en sus manos con cara de ogro.
-que es esto Natalia
-no sé, nunca lo había visto.
-pero el jíbaro que llamo a cobrarlo si sabe, te conoce y tiene tu teléfono.
-madre, no se dé que me hablas.
-ya
que no quieres hablar con migo, dejare que lo hagas con tu padre,
desaparece de mi vista, no sé si esto te lo pueda llegar a perdonar
algún día.
Al llegar su padre era evidente, que la madre de Natalia le había adelantado algo.
-jovencita;
no me interesa escuchar nada, usted le falló a esta familia y como
castigo; sabe que se va para un convento.
Natalia lloro y
suplico, que por favor no le hiciera eso, que aria lo que fuera a pesar
de ser inocente, pero que un convento era demasiado. Durante muchas
horas hablo cuando le permitían hablar, y suplico cuando las palabras
no servían. Fue tan intensa su suplica que el padre cedió; cambiando el
castigo del convento por una estadía de tres meses en la casa de una
prima lejana, de un tío tercero de su padre, en otras palabras una
señora que no conocía ni siquiera su propia madre, una familiar
lejanísima.
Esta familiar Se encontraba viviendo hace años en un
pueblo perdido del mapa, nunca antes escuchado por Natalia, el acceso
era en carro a unas diez y siete horas de Medellín.
En el pueblucho
no existía el Internet y la televisión era prácticamente nada, era un
pueblo muy aburrido, de cultura campesina y anticuada, los carros eran
pocos, solo se veían tabernas cafés.
-Salí muy temprano, no salía el
sol todavía, mi padre le dijo al chofer que me dejara en la dirección
indicada, y se devolviera. Sin importar el tiempo que demorara en esa
diligencia, que se asegurara que doña clemencia me recibiera
personalmente, ya que ella le colaboraría con el correctivo
correspondiente.
Luego de tres días de carretera llegamos a un pueblo y parqueamos en una casa.
Doña clemencia vivía en el marco de la plaza.
Me baje del carro muy cansada esperando que el chofer llamara a la puerta y hablara con clemencia.
La
señora me invito a entrar muy amablemente, me dijo que ella me ayudaría
con el mayor de los gustos y en poco tiempo volvería a la casa como si
nada hubiera pasado.
Me reconforto mucho sus palabras, por lo que
empecé a sentirme en familia, al rato me presento su familia, un joven
de 20 años muy apuesto que me dejo con la boca abierta, un niño de 12
años muy simpático y su esposo que tendría unos 48 años. Luego me pidió
que tomara mi maleta para instalarme en la habitación. Le dijo al
chofer que se podía marchar este salió de inmediato.
Al subir
esperaba que la habitación fuera privada para mí. Equivocándome vi que
me instalaría en la habitación del niño de 12 años, en ese momento tuve
la mala idea de apelar.
-perdón doña clemencia pero me gustaría algo de intimidad.
-
si te entiendo pero debo estar pendiente de ti los primeros días, tu
padre te mando por una falta Muy grave y debo corregirte.
No entendía muy bien, pero no quería empezar mal, por lo cual decidí quedarme callada y asentir.
Doña clemencia tomo mi maleta y la puso sobre la cama para después abrirla, yo solo la miraba. En un momento me dijo:
-vamos niña no pensaras que te voy a instalar yo sola, colabora, ayúdame a colocar tu ropa en el closet.
Abrí el closet para colocar la ropa cuando ella me detuvo y dijo:
-Natalia yo te diré que ropa guardas, no permitiré que te vistas como cualquier jovencita citadina...
Yo
asentí con la cabeza esperando que ella sacara la ropa, que consideraba
más apropiada para vestir. Saco las minifaldas y los pantis, luego los
metió en una bolsa de basura diciendo:
-definitivamente no tienes calzones. Mañana iremos de compras.
-pero doña clemencia esas tangas son nuevas.
-eso no se lo Colca una niña decente, te voy a enseñar los principios que te faltan.
Todas
mis tangas quedaron en la bolsa de basura, lo cual me humillaba mucho;
más que me lo dijera delante ese mocoso, que no paraba de reírse.
Después de instalarme me dijo cual era mi cama y se fue con el mocoso de la mano.
Al
caer la tarde baje para cenar. Cuando termine de cenar doña clemencia
me ordeno levantar la loza y lavarla, realice la tarea con mucha pereza.
Luego
me asome al balcón, estaba concentrada en un grupo de jóvenes que
conversaban en la plaza, cuando doña clemencia entro y me dijo que no
era hora de estar en el balcón; que debía acostarme en ese momento, a
lo cual conteste:
-perdón doña clemencia pero no tengo sueño.
-lo que pasa Natalia es que tú no te acuestas cuando tienes sueño sino cuando yo digo.
Sin
decir más me dirigí al cuarto que compartía con el mocoso, para sacar
mi piyama y cambiarme en el baño, al salir de la habitación doña
clemencia me pregunto a donde iba, le dije que a cambiarme al baño, a
lo cual me contesto:
-lo siento Natalia en el baño no te puedes cambiar, cámbiate en la habitación como las personas normales
Sin darme tiempo a responder me empujo a la habitación donde se encontraba el mocoso jugando con dos carros.
Ya en la habitación esperaba que le dijera al mocoso que saliera para poderme cambiar, pero no lo hacía. Fue cuando dijo:
-bueno niña vas a esperar toda la noche para cambiarte.
-claro que no doña clemencia, solo espero que el niño salga.
-el tiene prohibido salir de la habitación después de cierta hora, no pienso cambiar eso a hora.
Todo comenzaba a ponerse muy confuso, doña clemencia pretendía que yo me cambiara delante su hijo de ocho años.
-perdón doña clemencia pero me da pena que su hijo me vea cambiarme.
-pena de que si tú también eres una niña, cámbiate de una vez no me colmes la paciencia, o prefieres que te cambie yo.
-no tranquila yo lo hago sola.
Pensé
que era inútil discutir en ese momento, pero desnudarme delante ese
niño de verdad me daba vergüenza. Por lo cual le dije al niño:
-tú por favor te volteas mientras yo me cambio
La sorpresa fue mayúscula cuando lo escuche decir que no, que estaba en su cuarto y podía mirar todo lo que en él se encontraba.
Por
lo visto era imposible que me hiciera el favor, entonces me valí de
trucos para cambiarme, sin que el mocoso pudiera ver ninguna parte de
mi anatomía. Primero me quite los zapatos, el mocoso no dejaba de
mirarme, era lógico que aprovecharía cualquier oportunidad para verme
desnuda. Luego me saque la camisa, de tal forma que me llegara hasta un
poco mas debajo de mis nalgas, me coloque el pantalón de la piyama
procurando que la camisa no dejara ver nada y luego me coloque de
espaldas para cambiarme la camisa por el buzo de la piyama, luego de
todo este proceso vi al mocoso con su cara de fracaso acostarse y
cobijarse en su cama.
Me acosté tranquila, satisfecha de haber
encontrado la solución para ponerme la piyama durante el tiempo que
permaneciera en esa casa.
Al día siguiente me desperté tarde, dándome cuenta que el mocoso no se encontraba en su cama, entonces baje a tomar el desayuno.
Cuando
llegue al comedor doña clemencia me recibió muy amablemente,
preguntándome como había pasado la noche. Luego me sirvió el desayuno y
se sentó para conversar algunas cosas con migo, que debía dejar claras.
-
lo primero Natalia es que tu padre me pidió el favor que corrigiera tu
conducta, por lo cual espero que me obedezcas en todo sin dar
problemas.
Yo asentí con la cabeza, savia que en su casa ella mandaba. Por lo cual no debía crear el desorden.
-lo segundo es que debes colaborar con el oficio de la casa en las mañanas y en las tardes iras al colegio con mi hijo menor.
Esta
parte no lograba entenderla, comprendía lo de colaborar con el oficio,
pero yo ya me había graduado del colegio y estaba esperando un semestre
para comenzar la universidad.
-por tercero mis decisiones nunca se discuten, lo que yo digo es la ley y se cumple como yo digo.
-por
ultimo desde este momento no eres más que una niña a la cual vamos a
educar, por lo cual el trato será igual que el de mi hijo menor, por
ese motivo comparten habitación.
Ya no entendía nada, tenía
XX años y debía compartir la habitación con un mocoso de 12, además de
volver al colegio teniendo en cuenta que me había graduado hace unos
meses, fue cuando le dije:
- perdón doña clemencia pero yo me gradúe ya del colegio.
A lo cual doña clemencia con mucha calma y segura de sí misma contesto.
- Eso no es asunto Mío
Al escuchar esto proseguí antes de polemizar.
- Bueno por otra parte usted sabe que yo estoy terminando mi adolescencia, es ilógico que me traten como una niña.
Doña
clemencia me recordó que las decisiones suyas no se discutían, por lo
cual las cosas seguían como ella había dicho, y me recomendaba no
llevarle la contraria, ya que ella no tenía la virtud de la paciencia.
En
ese momento quede congelada, me di cuenta que esta señora tenia la
autorización de mi padre para corregirme como ella creía mejor, savia
que mi estadía allí no debía ser larga, por lo cual decidí que
aceptaría todas sus condiciones para largarme ligero a casa.
-está bien doña clemencia, perdone si la moleste
Doña clemencia me dijo que arreglara la cocina, y fuera a bañarme que saldríamos comprar unas cosas
Levante
los platos y arregle la cocina, luego me dirigí al cuarto para sacar la
ropa que me pondría, cuando salía de la habitación para el baño me
encontré con doña clemencia en la puerta. Inmediatamente me dijo que
dejara la ropa donde estaba antes, que ella diría con que me vestiría,
puse la ropa en el closet y me dirigí solo con la toalla al baño, me di
un buen baño y me demore mucho rato.
Cuando llegue al cuarto me encontré a doña clemencia conversando con su hijo que terminaba de vestirse, al verme me dijo:
-Bueno niña muévete que no tenemos todo el día.
Le dije que si podía solicitar a su hijo que saliera para vestirme, a lo cual respondió algo que no esperaba.
-déjate de bobadas niña vístete ya.
-doña clemencia usted como mujer entiende que me da mucha pena que me vean desnuda.
-qué pena ni que nada, tu eres una niña recuérdalo y no es bueno que te compliques la cabeza con bobadas.
-lo ciento doña clemencia pero esto no puedo aceptarlo, cuando su hijo se valla me vestiré de lo contrario no.
Doña clemencia se paro dirigiéndose a mí, con mucha decisión y autoridad
-¿usted
muchachita me está colocando condiciones a mi? Sépalo cajón que no ha
nacido la persona que me coloque condiciones en mi casa.
El mocoso se reía sin parar y doña clemencia se acercaba donde yo estaba.
Tomo la parte de debajo de la toalla y comenzó a jalarla con fuerza, mientras yo impedía que me la quitara hasta que grite:
-Está bien ya me visto, pero suelte la toalla, yo puedo vestirme sola.
En
ese momento mi terror empezó a crecer, solo pensaba como lograría salir
de esa situación, al parecer el problema de la piyama se repetía con un
grado más alto de dificultad. Miraba a un lado y otro sin encontrar
como esconderme de la mirada del mocoso , entonces di la espalda y me
quite la toalla pidiendo a doña clemencia que me pasara la ropa, de esa
forma el mocoso solo podía verme las nalgas, pero doña clemencia si
lograba verme entera.
Temblaba de la vergüenza, me sentía horrible
de estar desnuda delante esta señora que podía observar mis pechos. Y
saber que había un mocoso viéndome el culo desnudo.
Doña clemencia
me miro de arriba abajo y comenzó a entregarme la ropa con la cual me
vestiría. Primero la ropa interior unos calzones de niña horribles y un
sostén normal.
Al terminar de ponerme la ropa interior di la vuelta
y pude ver como el mocoso se burlaba de mí, al verme con ese juego de
lencería tan horrible y ridícula. Ya el enano había logrado verme las
nalgas desnudas, esperaba que no tuviera más adelante la oportunidad de
verme mis otras partes.
Termine de vestirme y solo me provocaba
ponerme a llorar, pero savia que podía causar más problemas, por lo
cual decidí tragarme mi llanto.
Salimos a comprar algunas cosas de
aseo personal y alimentos. Cuando creía que íbamos para la casa,
entramos en una tienda de ropa. Doña clemencia saludo a la dueña, tras
conversar un rato me presento como una pariente lejana de la cual se
estaba haciendo cargo mientras superaba un trastorno. Ese comentario me
molesto mucho y me di cuenta como las personas comenzaban a mirarme de
una forma extraña.
Conversaron unos minutos, luego doña clemencia
pregunto si era posible cambiar un poco mi aspecto, además necesitaba
con urgencia ropa interior.
La señora llamo a un dependiente y le
pidió que nos colaborara en todo lo que pudiéramos necesitar, doña
clemencia solicito prendas intimas y unos vestidos. Luego nos dirigimos
a los vestidores para probármelos, me entrego un juego de pantis y
sostén. Me desnude ya cuando estaba desnuda doña clemencia abrió la
cortina, con tal fuerza que se vino abajo con cortijero y todo quedando
yo completamente desnuda ante todo el almacén, inmediatamente me tape
como pude cogiendo la cortina como escudo de mi intimidad. Doña
clemencia se asusto mucho por el daño que había hecho tomando el
cortijero para volver a colocarlo, lo jalo con fuerza hasta que logro
quitarme la cortina de mis manos, de inmediato me tape los pechos y mi
triangulo con las manos para que nadie viera más de lo necesario. Al
rato llego el dependiente y pidiendo disculpas coloco nuevamente el
cortijero mientras yo permanecía como un ovillo desnuda con mis
lágrimas a punto de salir por la humillación.
Al llegar a casa doña
clemencia comento que al día siguiente iríamos a solucionar todo lo
relacionado con el colegio. Yo asintiendo con mucha rabia y humillación
me retire.
Al día siguiente nos dirigimos al colegio, doña clemencia
su hijo y yo. El mocoso no se separaba de mí ni un minuto, lo cual me
mortificaba bastante. Al entrar en el despacho del rector doña
clemencia le dijo que todo estaba perfecto que me pondrían en el mismo
curso de su hijo para que me adaptara con mayor facilidad.
El
rector dijo que aprovecharían que el médico rural se encontraba en la
consulta del colegio, para pasar la revisión médica, doña clemencia
dijo que era un gran alivio porque de esa forma ganaba tiempo y dejaba
todo solucionado de una vez por todas.
Cuando llegamos a la consulta
doña clemencia dijo que ella debía hablar primero con el médico, luego
entraríamos nosotros a la consulta.
Esto me inquietaba pero no me
atrevía a pronunciar palabra, era claro que no se podía llevar la
contraria, y me avergonzaría mucho que me regañara en público. Los
nervios comenzaron a darme muchas ganas de orinar y no lograba ver un
baño cerca, por otro lado me daba miedo salir y que doña clemencia no
me encontrara cuando terminara de hablar con el médico.
Al salir
doña clemencia, le comunique mi necesidad, pero ella me dijo que me
aguantara un poco, que estábamos de afán, le insistí pero ella me
recordó que la palabra de ella no se discutía, que aguantara un poco,
además el examen no demoraba, advirtiéndome que no quería hablar más de
eso, que aguantara hasta la casa para que aprendiera a educar mi cuerpo.
Las ganas de orinar aumentaban, pero no quería tener más problemas de los que ya tenia.
Cuando seguimos dentro de la consulta pensé que sería algo corto ya que entramos los tres juntos.
El
doctor no tendría más de 25 años. Era muy atractivo, y amablemente nos
pidió que nos sentáramos comenzando por examinar al hijo de doña
clemencia.
Primero le tomo la tensión, luego miro sus signos vitales, lo peso midió su estatura dando por terminada la revisión.
La sencillez y rapidez me tranquilizo mucho, pensé que con migo el procedimiento seria el mismo.
El
medico anoto unos datos en un cuaderno grande, para luego continuar con
migo. Primero me saludo dándome la mano, pregunto mi nombre y comenzó a
llenar un cuestionario.
Luego pregunto mi, edad, si sufría alguna enfermedad, etc.
-¿Consumes fármacos?
-no
-¿Has tenido relaciones sexuales?
-no. pero porque me pregunta eso en presencia de doña clemencia y su hijo
-perdón pero con personas que tienen trastornos en el comportamiento es mejor hacer los reconocimientos con la familia.
En ese momento entendí por que doña clemencia había hablado antes con el médico.
Mire a doña clemencia quien me miraba con mala cara, por lo cual seguí contestando las preguntas sin protestar.
El
médico pregunto cuánto quiso. Luego me dijo que pasara a la cama para
revisarme, en ese momento me sentía aliviada de saber que pronto
saldría de ahí y podría encontrar un baño.
Cuando el doctor me
tomaba la tención el mocoso empezó a preguntar muchas cosas, el médico
le dijo que se acercara para observar el examen con claridad. No me
pareció nada malo que ese renacuajo curioseara.
Después de tomarme
la tensión miro mis ojos y oídos. Se acerco a doña clemencia y le pidió
que le colaborara para el resto del examen. Esto me asusto, no entendía
porque requería la ayuda de doña clemencia si ella no era doctora ni
enfermera. Doña clemencia se acerco y toco con suavidad mi cara, luego
la bajo y comenzó a desabrocharme la camisa, en ese momento intente
resistirme con una apelación, tampoco podía montar un numero que me
dejara como una sicótica.
-doña clemencia que hace.
-te quito la camisa, no es mas.
- pero doña clemencia hay dos hombres presentes.
- no solo hay un niño adolescente y un medico, no te preocupes.
-doña clemencia por favor no me haga esto, yo soy muy penosa.
-No te preocupes solo es la camisa para que te revisen con más comodidad
Todo empezó a parecerme un abuso, no era justo que ese mocoso se quedara viéndome en ropa interior.
El
médico se acerco y comenzó a ocultarme primero la espalda mientras yo
permanecía con las manos en mis pechos tapándolos por encima de mi
sostén. Ya las ganas de orinar eran insoportables y no savia hasta
cuando iba a aguantar. El doctor escucho mi espalda y luego le dijo al
renacuajo que escuchara él, al rato me pidió que quitara las manos de
mis pechos a lo cual le dije:
- doctor soy muy penosa por favor entiéndame.
- No te preocupes entre más rápido lo hagamos más rápido saldremos de esto
Viendo
que no había elección retire mis manos, quedado mi sostén a la vista
del renacuajo quien no desviaba la mirada un solo minuto.
Entre los
dos escucharon mi corazón. Luego llego lo peor que nunca me imagine que
pudiera pasar, el doctor le dijo doña clemencia que me quitara el
sujetador para revisar los senos, Eso era demasiado no podía permitir
que me vieran los senos, fue cuando llorando le suplique al doctor.
-doctor por favor no, me da mucha pena por favor apiádese de mi no me haga eso.
-no es para tanto solo relájese eso no dura mucho.
-dese cuenta que soy una mujer y me da mucha pena.
-no me suplique ni me haga escenas, es mi obligación y punto.
-tan siquiera dígale a el hijo de doña clemencia que se baya.
-porque
lo voy a sacar si esta tan concentrado en aprender, además a la edad
mental que tú tienes no tiene por qué afectarte tanto.
En ese
momento me vi. Destruida y descubrí que nada serviría para persuadir al
médico. Doña clemencia se acerco, con palabras dulces me dijo al oído
energética mente
-compórtate como debes comportarte no des mas brega.
Luego
doña clemencia se puso a mis espaldas y desabrocho el sujetador
sacándolo por mi frente y dejando mis senos a la vista del doctor y el
renacuajo que no parpadeaba de ver mis redondos y lindos senos, me
podía imaginar cuanto tiempo llevaba esperando ese momento.
El
doctor toco primero uno, luego hizo lo mismo con el otro, estuvo más o
menos unos 3 minutos en cada seno., al terminar me pidió que me
recostara en la cama mirando boca arriba para palparme el abdomen. Esa
petición me parecía normal, además que me daba la oportunidad de
taparme los senos para que no pudieran verlos más.
Me acosté boca
arriba e inmediatamente me tape los senos con las dos manos, el doctor
comenzó a palpar el abdomen, en una ocasión vi. Como le hacia una seña
doña clemencia pero no le preste importancia, a los minutos veo que
doña clemencia se acerca y comienza a desamarrarme los tenis primero
uno y luego el otro, pregunto qué hacen y el médico me dice que solo
quiere ver como tengo las plantas de los pies, de ese modo termina de
palpar mi abdomen para revisar mis pies, primero mira uno luego el otro
acaricia mis dedos las plantas, terminando con un pequeño apretón en
cada tobillo. Doña clemencia se acerca y desabrocha mi cinturón, le
pregunto qué pasa, pero ella muy callada me indica con un gesto que me
quede quieta, lo cual me deja completamente inmóvil, por el temor a un
regaño, luego desabrocha el botón de mi pantalón y baja el cierre en
ese momento apelo nuevamente:
-doña clemencia que me está haciendo.
-te quito el pantalón para terminar la revisión espero que colabores.
-doña clemencia pero es solo el pantalón.
-no te preocupes linda solo será el pantalón confía en mí.
Muy
avergonzada decidí aceptar sin escándalo no quería dar motivos que
confirmaran las calumnias de mi tía sobre mi estado mental.
Doña
clemencia jalo con fuerza el pantalón para abajo y mis pantis quedaron
a la vista de todos, en ese momento mis lágrimas comenzaban a salir
nuevamente.
Ya me encontraba solo en pantis frente el mocoso, el médico y doña clemencia.
El
doctor se acerco y comenzó a revisar mis piernas, cada vez que las
tocaba sentía que mis ganas de orinar aumentaban más. Creo que incluso
empecé a sudar de la fuerza que hacía, solo pensaba que colaborando
lograría salir rápido de la consulta e ir al baño. Cuando el doctor fue
a revisar la otra pierna, inesperadamente entro el rector en la
consulta, creo que fue la peor sorpresa que tuve en mi vida, el rector
quería saber porque lleva tanto tiempo la revisión, si el doctor
necesitaba alguna ayuda o quien sabe que estupidez.
Esa era la
situación yo tendida en la cama de la consulta con mis manos tapando
mis pezones, en bragas a la vista de tres hombres y doña clemencia.
-que pasa doctor que se demora tanto, tiene algún problema con esta niña.
Pregunto el rector
-no señor rector solo quería hacer un buen reconocimiento teniendo en cuenta el problema que ella tiene.
Yo no tenía ningún problema pero ya era imposible convencerlos de lo contrario.
-cuénteme un poco como ve las cosas doctor.
-claro ya mismo, Natalia espera unos minutos.
Esto
me asusto mucho mas, el médico se puso a conversar con el rector y mis
ganas de orinar aumentaban, lo peor fue cuando el médico le dijo que le
colaborara con unos papeles que no entendía y saco un libro dos veces
más grandes que una Biblia, fue cuando llame a doña clemencia y le pedí
el favor de que me dejara ir al baño, la respuesta nuevamente fue la
que yo no esperaba.
- el que aguanta lo mas aguanta lo menos
Ya pasaban más de diez minutos, y el médico seguía hablando con el
rector, las piernas comenzaban a encalambrarse. En un momento el
renacuajo se acerco para hablarme y lo despache con un insulto. Al rato
veo que se acerca y toma una pala de metal, no me importaba la verdad
que hacia hasta el momento que lo vi acercarse a mis pies, en ese m
omento medí cuenta que conocía la situación en la cual me encontraba y
sus intenciones eran las peores.
-no por favor no me hagas eso por favor
Y
sin mediar palabra comenzó a pasar esa paleta por las palmas de mis
pies, la sensación era horrible sentía muchas cosquillas y mi vejiga
parecía reventar, jugó un rato hasta que se canso. Fue cuando paso lo
peor, sentí como una gota salía por mi esfínter convirtiéndose en un
pequeño chorro, cuando menos pensé no aguante mas y se me aflojo la
vejiga por completo, el chorro que salía era enorme y se esparcía por
toda la cama, el renacuajo se alejo de la cama y se quedo callado como
si no supiera nada, doña clemencia permanecía en una silla leyendo una
revista y el médico estaba tan concentrado que no se dio cuenta de lo
que pasaba.
El peor momento de mi vida había llegado me encontraba
prácticamente desnuda en una cama con las manos en mis senos y
completamente orinada, la preocupación empezó a crecer cuando me
imagine la reacción del médico, que diría el rector, que vergüenza la
que sentía de que me vieran en esa situación tan humillante, vi. Que
mis pantis por ser blancos se trasparentaban con la humedad de los
orines y mostraban mi vagina depilada.
De pronto el rector sintió el olor y se acerco para comprobar que sucedía y en cuestión de segundos dijo:
-doctor mire esta jovencita se orino.
-no se preocupe señor es normal en personas con trastornos.
-bueno doctor pero que hacemos a hora.
-llamemos a la señora de la limpieza, para que se encargue.
Ya
el rector y el médico me habían visto en la situación más avergonzarte
de mi vida. Doña clemencia se acerco y me dijo que guardara silencio
que no se me ocurriera hacerla quedar mal. Luego se acerco el renacuajo
y mirando mis pantis mojados y transparentes se río retirándose con la
mano en la nariz.
Todos se pararon en un extremo de la consulta. El rector abrió la puerta para que entrara aire de inmediato le dije:
-por favor señor rector sierre la puerta me da mucha vergüenza que alguien pase y me vea desnuda.
-vergüenza debería darle no saber utilizar el baño.
A los minutos llegaron dos señoras de servicios generales y con muy
mala cara comenzaron a trapear los orines que habían en el piso, luego
sacaron la sabana que cubría la cama del consultorio.
Yo solo
esperaba que terminaran para levantarme y colocarme la ropa, de esa
forma no me exhibiría más delante tanta gente, evitando que alguien más
pasara por la consulta y pudiera verme. Cuando terminaron de secar el
piso y quitar la sabana me dijeron que me levantara y me parara en el
rincón para poder limpiar la cama, me pare enseguida con mis manos en
el pecho y los pantis empapados vi Como el rector conversaba con el
médico, doña clemencia y el renacuajo sin que ninguno quitara los ojos
de mi cuerpo, me acerque donde doña clemencia había colocado la ropa
para ponérmela y cuando fui a tomar el pantalón de inmediato escucho
una voz que me dice un momento señorita, miro y veo que es una de las
aseadoras la dueña de esa voz autoritaria entonces pregunto:
-que pasa es mi ropa y voy a vestirme.
-claro que es tu ropa, pero no te puedes vestir todavía.
-por que, estoy cansada de estar desnuda y siento mucha vergüenza.
-yo sé linda pero primero debemos bañarte, o piensas vestirte toda orinada como estas.
-donde me puedo bañar.
-no te preocupes que nosotras te bañamos en un momento.
-pero yo puedo hacerlo sola.
-niña si no eres capaz de orinar sola como te vas a bañar, no te preocupes que en un momento te organizamos.
Savia
que era inútil apelar, además era mejor esperar para que me prestaran
una toalla o algo que me cubriera. Espere en un rincón tapándome los
pechos con una mano y la entrepierna con la otra, ya que la humedad de
los pantis transparentaba parte de mi vagina. Las mujeres del aseo
terminaron de limpiar la consulta al salir me dijeron que las esperara
un minuto que no demoraban. Estuve unos minutos esperando que llegaran
con una toalla para cubrirme pero la sorpresa fue otra cuando las vi
entrar con un platón grandísimo y dos baldes de agua, no savia que
pretendían hacer pero no me llamaba mucho la atención por lo cual les
pregunte:
-perdón para qué es eso.
-para bañarte.
-pero como me van a bañar.
-En este platón, lo llenamos de agua y listo.
-perdón pero prefiero en una ducha.
-lo céntimos pero siempre bañamos las niñas pequeñas en platón para evitar que se nos caigan.
No lograba creer que esto estuviera pasando, me parecía ridícula toda esta situación.
Doña
clemencia permanecía indiferente a la situación como si fuera muy
normal que una mujer de XX años se encontrara prácticamente desnuda en
frente de tantas personas, con dos aseadoras que pretenden bañarla, el
renacuajo se divierte viendo mi humillación, el médico muestra mucha
naturalidad y el rector mira como asombrado y confundido.
Una de las
aseadoras me tomo de la mano para meterme en el platón, a lo cual yo me
resistí porque me parecía muy humillante, cuando la escuche decir en
mal tono:
-bueno cagona no tenemos todo el día para perderlo con usted.
Y
sin mediar mas palabra separo la mano que tenia tapando mi entre pierna
y la coloco al lateral a mi pierna. Inmediatamente tomo mis pantis y
los bajo con mucha decisión, dejando mi vagina completamente
descubierta, mis lágrimas salieron como chorros de agua incontrolables,
empecé a llorar desconsoladamente mientras las dos aseadoras me bañaban
a la vista de toda persona que se pudiera encontrar cerca.
Las
aseadoras me echaban agua en la cabeza y la distribuían por el cuerpo
con sus manos mientras aprovechaban para enjabonarme, cumplieron con
esa rutina durante un buen rato hasta el momento fatídico que savia iba
a llegar fue cuando una de ellas lleno de jabón su mano y la metió
dentro de mi entre pierna, comenzó a enjabonarme desde el ano hasta la
vagina repitiendo esta operación durante unos minutos, mientras yo no
paraba de llorar.
Después de unos minutos del intenso baño apareció
por fin la toalla que anhelaba desde hacía más de media hora. Las
aseadoras me secaron fuera del platón, dejándome desnuda delante los
mismos participantes de antes, el rector me miraba con aire de
admiración por mi belleza, y compasión por mi situación.
Las
aseadoras se retiraron y se llevaron consigo la toalla, en ese momento
me quede completamente desnuda tapándome como podía mis senos y
entrepierna. Doña clemencia se acerco, colocándome el sujetador me dijo:
- no es para tanto tranquila que no eres la primera mujer que bañasen público, en el convento la cosa es mucho peor, créeme.
Luego
me coloco la camisa y me dijo que debíamos esperar que su hijo mayor ya
trajera unos pantis limpios de la casa. Eso me callo como un balde
helado encima, me sentía muy avergonzada de que el hijo mayor de doña
clemencia se diera cuenta de tal incidente tan vergonzoso.
A los
pocos minutos llego el hijo mayor de doña clemencia con una bolsa, y
entro como Pedro por su casa sin impórtale que me encontrara sin pantis
ni pantalones, lógicamente yo me estaba tapando con la mano para evitar
que me vieran más de lo que me habían visto ya. El joven le entrego la
bolsa a su madre y menos mal espero afuera. Doña clemencia me coloco
los pantis, luego los pantalones, yo sola me coloque los zapatos,
Cuando
salimos del colegio el rector le recordó a doña clemencia que me
mandara con ropa de repuesto a la semana siguiente que comenzaban las
clases.
El hijo mayor de doña clemencia nos llevo a casa en un
campero que tenia, yo no pronunciaba palabra, ya empezaba a darme
cuenta que todo el incidente del colegio había sido planeado por doña
clemencia.
Al llegar a casa le comunique a doña clemencia que
necesitaba hablar con ella, muy amablemente me dijo que hablaríamos en
la sala, al llegar a la sala me que je del abuso que habían cometido
con migo en ese colegio:
-doña clemencia usted que se cree, para hacer lo que hizo.
-soy tu tutora, por orden de tu padre y te mostrare como se deben educar las niñas malcriadas como tú.
-para educarme no tiene que humillarme de esa manera.
-lo que pasa es que voy a mostrar te como es de duro crecer para que nunca vuelvas a dar problemas.
-por favor dona clemencia como piensa educarme nuevamente.
-ya te dije tu eres la bebe de esta casa.
-pero eso es ridículo.
-no
niña no creas con varias personas de la familia ha dado mucho
resultado, además tus opciones solo son dos o te quedas aquí con mis
reglas o te vas para un convento, eres libre de elegir.
La situación era muy complicada, la idea del convento no Cavia en mi cabeza pero quedarme con esa señora era horrible.
-lo pensare y mañana le tendré una respuesta.
-la respuesta la das ya, o mañana estarás en el convento del pueblo.
-está bien doña clemencia me quedo en su casa, pero con algunas condiciones.
-la única que pone condiciones en mi casa soy yo, por lo tanto creo que debes empacar para marcharte al convento.
-está bien doña clemencia me quedo, pero solo le pido que respete mi intimidad.
-si no das brega tenlo por seguro.
De
esa forma quedaron las cosas con doña clemencia. Todos los días debía
hacer los oficios de la casa y en las tardes iba al colegio con
Federico su hijo el famoso mocoso de 12 años, estaba de nuevo en el
grado 8.
Cuando empecé el colegio era la única que asistía con ropa
corriente, ya no habían uniformes en el momento que entre. Todos los
amigos de Federico buscaron hacer amistad con migo, en principio me
parecía bueno hacer amigos, luego empecé a sentirme acosada por sus
incontables piropos e insinuaciones, ya no soportaba mas la inmadurez
de todos estos niños. Por otra parte las mujeres del grupo eran muy
antipáticas, a cada minuto me hacían chanzas pesadas recordándome lo
mal que les caía, no soportaban que fuera el centro de atención en el
salón.
Un día llegaron todas las mujeres de mi salón con ropa
corriente, esto me pareció extraño, pero decidí no prestar mucha
atención.
Estando en el aula de clases el profesor se presento con
la perfecta de disciplina y el rector. En forma autoritaria con mucha
fuerza preguntaron qué sucedía, mientras una de las alumnas contestaba:
-si Natalia usa ropa corriente en el colegio ¿por que nosotras no?
El
rector hablo con ofuscación: -Natalia es una niña especial, pero me
encargare que cumpla con el reglamento de alguna forma. Por el momento
ustedes deben encargarse de llevar el uniforme como lo manda el colegio.
El rector se acerco a mí mirándome fijamente dijo: -niña acompáñeme a mi oficina. Coordinadora colabóreme con este caso.
Cuando entramos en su oficina, el rector se acerco a un escaparate y saco varias prendas.
-coordinadora vista esta niña con el uniforme que mejor le quede.
-pero señor estos uniformes son dos tallas menos que la talla de ella le quedaran muy cortos de falda y apretados en la camisa.
-yo solo le pido que la vista ya mismo para terminar con el problema que causo en el salón.
El
rector se encontraba muy molesto, yo no entendía lograba entender el
porqué se molestaba con migo cuando yo no era la culpable de la
conducta de mis compañeras. La coordinadora se acerco molesta
ordenándome:
-niña quítate toda la ropa, ligero que no tenemos todo el día.
-perdón señora pero prefiero que sea en un sitio más privado.
-deja la bobada y desnúdate.
Me
di cuenta que apelar era inútil, por lo cual comencé a quitarme la ropa
con mucha vergüenza del rector. Me quite los zapatos el bluyín y la
camiseta, quedando en ropa interior.
-bueno niña eres tonta o te haces. Dije toda la ropa no que te quedaras en ropa interior.
Nuevamente
me pedían que me desnudara. Savia que no debía protestar pero mi
vergüenza no me permitía estar nuevamente desnuda delante personas
extrañas.
-perdón señora pero no me atrevo a desnudarme en público.
-me tiene sin cuidado a lo que seas capas de atreverte, te doy una orden y quiero que la cumplas.
-no me voy a desvestir usted verá que hace pero ya estoy en ropa interior, creo que es suficiente.
La
coordinadora se acerco con una regla, agitándola en el aire corto el
viento, para luego plasmarse en mi mejilla. Me lleve las manos a la
cara llorando del dolor físico y moral que sentía después de tanta
humillación. Esta era la primera vez que alguien me pegaba en toda mi
vida, además lo hacia delante el rector quien miraba serio. Después del
golpe se acerco, tomo el sujetador con las dos manos, para luego jalar
con fuerza hasta reventarlo. Camino por la oficina dueña de sí misma
tirando el sujetador a la sesta de basura. Al rato se acerco
preguntándome:
-bueno niña por qué no te has quitado los pantis.
-señora creo que ya es suficiente, no me obligue a humillarme más.
-por lo visto eres retrasada.
Sin
darme cuenta se puso detrás de mi espalda y bajo los pantis hasta los
tobillos, los saco levantando primero un pie, seguido del otro. Después
de todo estaba nuevamente desnuda ante el rector.
La coordinadora
busco en una bolsa de ropa barios chiros, sacándolos selecciono algunos
para luego juntarlos con el uniforme usado que me colocaría. Yo
permanecía desnuda tapando mi intimidad como podía con las manos.
Cuando la coordinadora me vio tapándome, se acerco y separo las manos
de mi cuerpo colocándolas en los costados de mis piernas.
-de esta forma te acostumbraras a ver el cuerpo naturalmente.
El
rector tenía una vista perfecta de mi cuerpo desnudo desde su
escritorio. La coordinadora de disciplina decidió castigarme dejándome
desnuda en la rectoría por un buen tiempo de esa forma Salió de la
oficina ordenándome no moverme ni un milímetro. El rector seguía
degustándose con la imagen de mi cuerpo desnudo. En el tiempo que
estuve desnuda en la rectoría la visitaron dos profesores y tres
alumnos, ya eran 5 personas más quienes me conocían desnuda. Después de
esta humillación la coordinadora me entrego unos pantis, el sujetador y
el uniforme para que me vistiera.
Con la falda a medio muslo y la camisa forrada a mi cuerpo me dirigí al salón donde todas mis compañeras me hicieron bronca.
Federico
se aprovechaba cada instante para levantarme la falda mostrando mis
pantis a sus amigos, quienes permanecían todo el día tras el buscando
la oportunidad de ver mi entrepierna.
El tiempo fue transcurriendo
de la misma manera, colaboraba con los oficios, luego me arreglaba e
iba para el colegio; Federico seguía viéndome desnuda en cada
oportunidad que se le presentaba, en una ocasión me dijo que él me
bañaría para que no fuera con mal olor al colegio. Los abusos contra mi
intimidad seguían presentándose con mayor intensidad.
Una mañana
doña clemencia entro en el baño cuando disponía a bañarme,
manifestándome que ella me seguiría bañando hasta cuando me fuera a
casa, con mucha rabia y humillación tuve que aceptar, ya que tenía muy
claro como doña clemencia se ponía si le llevaba la contraria. Sin
parecerle suficiente la humillación me indico que saliera del baño para
bañarme en el patio de la casa ya que me revisaría el cabello para
saber si no tenia piojos.
-Pero doña clemencia jamás he tenido piojos.
-lo siento Natalia, del colegio me llamaron diciéndome lo contrario, y Federico me lo confirmo anoche.
-doña clemencia si me baña en el patio su esposo y su hijo me verán desnuda.
-eso no es mi problema piojosa.
-Doña clemencia esto no lo aceptare, ya me canse de sus abusos olvídelo.
-bueno cagona usted lo quiso de ese modo.
Salió del baño gritando el nombre del jardinero, este llego en minutos, lo cual demostraba el miedo que le tenía a la señora.
-Asdrúbal lleve esta piojosa al patio para bañarla.
El
jardinero me echo en su hombro llevándome a la primera planta mientras
yo no paraba de patalear y gritar. Me coloco en el empedrado del patio
sujetándome los brazos con fuerza para que no lograra escapar. Doña
clemencia llego al rato con su esposo y Mauricio su hijo mayor, les dio
la orden de sujetarme de cada brazo. Con calma se acerco y empezó a
quitarme la ropa con mucha brusquedad hasta dejarme en ropa interior.
-si te quedas quieta les diré que te suelten de lo contrario te daré con la chancla hasta que no puedas sentarte.
En
ese momento dudaba mucho de los alcances de esa señora, por lo cual
decidí aceptar cediendo al forcejeo que venía realizando.
Su
esposo y su hijo me soltaron, inmediatamente Doña clemencia me quito
los pantis luego me quito el sujetador, tomo una manguera, abrió la
llave del agua y comenzó a bañarme con el chorro a presión, lo coloco
en todas las partes de mi cuerpo. La humillación alcanzaba los límites
más extremos. Yo solo lloraba mientras intentaba tapar mi intimidad de
la mirada del esposo y su hijo mayor, quienes parecían disfrutar de la
imagen que doña clemencia les regalaba de mi cuerpo desnudo.
Cuando
doña clemencia ya estaba cansada de mojarme con la manguera tomo una
barra de jabón tierra, para luego untármelo por todo mi cuerpo. Me
estregaba utilizando mi ropa interior esto me hacía sentir una
humillación mayor. Doña clemencia me estrego la cara luego bajo por mi
cuello, tomo un brazo, lo estr4ego hasta la axila donde estrego con
mayor cuidado, de la misma forma estrego mi otro bazo. Lo peor del baño
llego cuando se dispuso a estregar mi entre pierna, en este punto se
encargo que no quedara un milímetro sin estregar, incluso con dos de
sus dedos los metió por mi vagina causándome mucho dolor. Era muy
denigrante darse cuenta de la situación; estar desnuda en medio patio a
la vista de cuanta persona estuviera cerca, con una demente dándole un
baño público, era verdaderamente horrible.
Estaba segura que las
cosas no podían empeorar, fue cuando vi que me equivocaba. Doña
clemencia se acerco, dulcemente me acaricio la larga cabellera que en
ese entonces tenía, digo larga porque después de cuidarlo mucho ya me
estaba llegando a la cintura. La verdad me sentía muy orgullosa de
tener un cabello tan lindo y bien cuidado, este se había convertido en
la envidia de todas mis amigas. Doña clemencia dijo con voz dulce:
-nena
tu cabello es muy lindo, pero los piojos se esconden fácil en el. La
verdad creo que será mejor cortarlo, de esta manera acabaremos con el
problema definitivamente.
Al escuchar esto entre en pánico. Dejar
que cortaran mi cabello era algo que no podía aguantar, la humillación
sería insoportable, además de las burlas de mis compañeras. Llorando
suplique a doña clemencia esa vieja loca:
-doña clemencia yo no tengo piojos fíjese y se dará cuenta, por lo que más quiera no me haga eso.
-no empieces con suplicas que no te llevaran a ningún lado es mejor que colabores.
Sin
mediar más palabra saco unas tijeras de su delantal y comenzó a cortar
mi cabello, dejándolo a la altura de mis orejas. Veía caer largos
mechones de cabello por mis hombros, quedando pegados a mis senos por
el agua que todavía escurría de ellos. Los mechones caían mientras yo
lloraba inconsolablemente. Al fin quede con el cabello a la altura de
mis mejillas en tipo honguito. Ya la cara de adolecente desapareció,
apareciendo una cara de cagona inconfundible. Doña clemencia me baño
nuevamente para quitar todo el pelo de mi cuerpo, aprovechando y
depilando mi vagina y axilas, de esta forma quede como una bebe.
Después de esta humillación las burlas en el colegio fueron insoportables.
El
tiempo termino de transcurrir en la misma forma: doña clemencia seguía
bañándome en el patio delante todo el mundo, Federico no paraba de
acosarme con sus amigos. Un día se reunieron todos los compañeros de
Federico y me quitaron la falda por la fuerza obligándome a ir por ella
al otro lado del colegio de esa forma fueron muchos los ojos que me
vieron en bragas.
Al final llego el último día de mi estadía en ese
lugar, como despedida doña clemencia le permitió a Federico que me
bañara el bajo su vigilancia, fueron muchas mis suplicas pero no hubo
forma de que desistieran, al final no puse resistencia, ya que era el
ultimo día y la pesadilla acabaría.
Al salir doña clemencia me dio
un regalo, luego me dijo que con la lección recibida en este tiempo,
estaba segura que yo pensaría muy bien antes de cometer una falta, de
esa forma me despidieron todos en la puerta de la casa. Al verlos solo
pensé no hay uno de ellos que no me conozca desnuda.
De esa forma termino el castigo que me impuso mi padre.
Espero les haya gustado. Por favor enviarme sus comentarios y experiencias reales para convertirlos en relatos.
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